SUMISIÓN

Michel Houellebecq

[283 págs.] Anagrama, Barcelona, 2015.

El mismo día que se producía el sangriento atentado contra la revista Charlie Hebdo de París, Houllebecq tenía previsto presentar su última novela, Sumisión –traducción literal de la palabra Islam–, cuya temática no podía ser más molesta, inoportuna y provocadora por cuanto añadía leña al fuego de la islamofobia desencadenada por la creciente locura yihadista: la Hermandad musulmana (partido islamista moderado de los inmigrantes y ciudadanos franceses) conseguía ganar las elecciones presidenciales de 2022 en Francia gracias a un acuerdo con el PSF y otras fuerzas políticas unidas para evitar el triunfo de la derecha de Marine Le Pen. La acción  se despliega a través del punto de vista de un profesor de la Sorbona, François, especialista en Huysmans, que representa el  individualismo pesimista, cínico y hedonista del francés culto y laico y que podría reflejar al propio Houllebecq. Un protagonista cuya reacción al clima de cambio y de amenaza de guerra civil en la Francia civilizada es la claudicación ante un islam espléndido de petrodólares.

“El libro ya ha generado tantas opiniones entusiastas como escandalizadas –comentaba Alex Vicente en su reseña del libro– pronunciadas por una habitual retahíla de comentaristas mediáticos, desde el filósofo Alain Finkielkraut —quien sostuvo que Houellebecq habla de “un futuro que no es seguro, pero sí plausible”— al presentador Ali Baddou, que aseguró ayer que el libro le había dado “ganas de vomitar” por su “islamofobia”. El director del diario Libération, Laurent Joffrin, escribió que el novelista no hace más que “calentar el asiento de Marine Le Pen en el Café de Flore”, refugio de la intelectualidad parisina, haciendo entrar las tesis ultraderechistas sobre la supuesta invasión musulmana en el cuadrilátero de la literatura”,[reseña de El País].  Y la polémica continúa seis meses después, como no podía ser de otro modo. Ya he recogido varias descalificaciones del libro como novela floja y orientada a hacer el juego a la derecha xenófoba europea. Siempre me he preguntado si estas consignas corren o se reproducen por generación espontánea.

Lo cierto es que esta no es una gran novela de Houllebecq, muy por debajo de Ampliación del campo de batalla,  Las Partículas elementales o Posibilidad de una isla, desde el punto de vista de la capacidad perturbadora del texto, pero tampoco puede despacharse con tanta facilidad, porque el autor pone el dedo sin complejos en una llaga abierta en el pensamiento correcto políticamente (no necesariamente socialdemócrata, pero sí tan típico de ese progresismo laico y civilizado tan rendido al multiculturalismo) y que no es otra cosa que la incapacidad de condenar sin reservas el carácter retrógrado (e incluso bárbaro) del islamismo no sólo radical, (faltaría más) sino moderado. Incapacidad que no parece paralizarle cuando se trata de mantener a raya a las confesiones religiosas cristianas en sus diferentes y peculiares versiones. Personalmente, siempre me he preguntado qué pecado original nos impide detestar la religión islámica con el mismo entusiasmo con que somos capaces de detestar la nuestra.

Aunque no lejos de la islamofobia visceral de Oriana Falacci, al menos puede decirse que las razones de la islamofobia confesa de Houllebecq son intelectuales de pleno derecho.

No puede negarse que el libro se lee con interés y que no te deja indiferente. Es imposible resistirse a la fascinación que ejerce la serpiente antes de que nos muerda.

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