NO ESTÁ SOLO

Sandrone Dazieri

[550 págs.] Alfaguara, Barcelona, 2015.

La novela clásica detectivesca murió de una enfermedad relacionada con la verosimilitud, razonaba en uno de mis artículos dedicados a la evolución del género criminal (Debats, 122). Y, efectivamente, en los años 70 los lectores que se enfrentaban a los ingeniosos crímenes de esta o aquella parte del océano y que excedían la inteligencia de la zafia policía de Su Majestad (o metropolitana de cualquier ciudad de los EE.UU.) y tenían que ser resueltos por geniales detectives llenos de manías, y luego comparaban esas situaciones con lo que veían simplemente en las películas de cine negro (o leían en infames ediciones de novelas de kiosco), empezaban a preguntarse si eso de los detectives aficionados o profesionales no era una bobada. O al menos, eso me empezó a pasar a mí más o menos por entonces. Ahora en España, postular para el género criminal un término que no lleve el calificativo “negro” es casi una herejía, y sigue estando mal visto proponer policías (aun poco heroicos) como protagonistas. Salvo que vengan del frío norte, por supuesto. Y el “Giallo” italiano no está para dramas fuertes desde que esa veta literaria ha tenido a su Cervantes (salvando las distancias) con Camillieri y su peculiar ajuste de cuentas satírico con el género. Por eso los escritores saltan por encima de ese muro que es la novela negra y dicen que hacen thriller… Es decir, lo que ellos entienden por tal cosa: “Un niño desaparece a las afueras de Roma. La madre es encontrada muerta y los investigadores creen responsable al marido de la mujer. Sin embargo, cuando Colomba Caselli llega a la escena del crimen se da cuenta de que algo no cuadra” –permítaseme precisar que casi la obligan porque está de excedencia–. “Colomba tiene treinta años, es guapa, atlética y dura” –permítaseme decir: ¡uf! –. “Formó parte del Departamento de Homicidios de Roma, pero desde hace meses es incapaz de superar lo que llama el Desastre” –un criminal perseguido hace estallar una bomba y se lleva por delante a una docena de víctimas y a sí mismo antes de ser capturado, a la chica no le falta razón en llamarlo así­–, “hasta que este caso vuelve a llevarla a la acción. Para resolverlo contará con un colaborador tan eficaz como peculiar: Dante Torre, un joven genio cuya capacidad de deducción solo es igualada por sus paranoias”. –¡Uf!–. “Él también es un superviviente: fue secuestrado durante once años en un silo por un hombre que se hacía llamar El Padre. Ahora tiene pánico a los espacios cerrados y ha hecho de su habilidad para encontrar a personas desaparecidas su trabajo. En la búsqueda de la verdad, Colomba y Dante deberán enfrentarse a su mayor pesadilla ante un caso de ramificaciones insospechadas”. [Reseña lecturalia]

Que nadie se haga ilusiones con las ramificaciones insospechadas, se trata de los consabidos experimentos sobre el comportamiento con fármacos de la época de la guerra fría, aplicados en este caso a niños con ciertos rasgos de autismo -vaya usted a saber por qué-, realizados en secreto por la CIA y copiados por los servicios secretos italianos en los años de plomo… Supongo que para despertar simpatías con eso de la necesaria crítica sociopolítica… Y el malo es, siguiendo la mejor tradición de la novela de intriga, uno de los forenses que se conocen desde el principio, pero no se preocupen que sale tanta gente que les sorprenderá igual.

Como siga así, eso que llaman thriller también se va a morir, pero va a ser de una enfermedad relacionada con la estupidez.

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