¡HUY! Porqué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar

John Lanchester

[270 págs.] Anagrama, Barcelona, 2010.

Sí, es un libro publicado en otoño de 2010, ¿qué hago reseñándolo cinco años después? Pues es que lo acabo de leer y no puedo dejar de recomendarlo. Como no puedo más que reírme de ese falso concepto de novedad o actualidad, como si no siguiéramos inmersos en 2015 en esa puñetera crisis global del capitalismo que se inició en el verano del 2007 en el sector financiero de los derivados de EE.UU. y después de hundir a Lehman Brothers se extendió al sector financiero mundial y muy en particular al vinculado con el mercado inmobiliario, y que conocemos como “Crisis del ladrillo”. Y ahí está la clave de mi invitación a la lectura: ¿estáis seguros de que comprendéis (o mejor comprendemos) qué son los derivados y cómo funcionan y cómo es posible que sobre hipotecas subprime de dudoso cobro se montaran cócteles financieros que talentos matemáticos calificaban en sus cálculos de riesgo como de riesgo cero?… Bueno, ¿suena a chiste, verdad? Pero para reír los chistes hay que entenderlos primero y este libro es lo mejor que he leído explicando lo inexplicable. Y lo sigue siendo. Pero por si mi opinión no es suficiente (cosa que me parece sensata pensar) os adjunto algunas opiniones más autorizadas que la mía sobre estos temas. Además, no olvidéis que el futuro no existe y el presente no es más que la infinitesimal superficie que cubre el océano sin fondo del pasado, lo digo por si os preocupa esa tontería de la actualidad. Y que de lo que se trata es que no nos ahoguemos en esas aguas de las que aún no hemos logrado escapar.

Reseñas:

«Aunque el autor es conocido del público lector español gracias a varias novelas, en este libro describe, para el lector no especializado, la crisis económica mundial del capitalismo del final de esta primera década del siglo XXI. Con gran conocimiento del tema, soltura estilística y ácida ironía, nos va explicando cómo funcionó esta economía de la pura especulación. Es interesante el pa­pel que tuvieron en la crisis los cálculos demencialmente equivocados que los matemáticos financieros realizaron acerca del riesgo. Otro factor primordial de la crisis fue la dejación de la función reguladora por parte de las ins­tituciones oficiales que representan los intereses de los contribuyentes, quienes serán los que pagarán la factura del desastre. Finalmente, encontramos la apelación eco­nómica y ética a la idea de respetar el concepto de «sufi­ciente» y de poner los límites al afán de posesión para construir una economía sostenible y satisfactoria para la humanidad en su conjunto. «Coged un ejemplar de este libro: el buen humor y la grata compañía os esperan a lo largo de la lectura» (The New York Times); «Comprensible para el lector sin cono­cimientos de especialista y, por encima de todo, devasta­doramente divertido» (Will Self).  «Un libro impactante» (Joaquín Estefanía, El País).

«Para los muchos lectores de las novelas de John Lanchester, especialmente para los que hayan paseado por El puerto de los aromas –Premi Llibreter hace unos años–, no constituirá una sorpresa que el escritor haya decidido adentrarse mediante un ensayo en el complejo universo de espíritus animales, desregulaciones, sofisticadas matemáticas y gigantes asiáticos que ha desencadenado la actual crisis económica mundial. Después de todo, el recorrido histórico que realizaba en El puerto de los aromas por Hong Kong ya funcionaba como una gran metáfora de la evolución del capitalismo… El autor, nacido en Hamburgo, creció en la entonces colonia británica de Hong Kong, donde su padre era un empleado del hoy gigantesco HSBC. “Imperaba la más desenfrenada economía de libre mercado. No había reglas ni impuestos, ni Estado del bienestar ni garantías de atención sanitaria o escolar”… En las últimas décadas, dice, el funcionamiento desenfrenado y desregulado de la colonia se ha convertido en la normalidad del mundo, que se ha hongkonizado. La caída del Muro de Berlín fue el disparo de salida para que el sector financiero “empezara a premiarse con una parte desproporcionada del pastel económico”, hasta cifras nunca imaginadas… Lanchester dedica el libro a intentar explicarse y explicarnos qué ha pasado desde entonces y hasta el estallido de hace dos años. Y se sumerge como pocos en el mundo de los derivados financieros… Aborda también la ideología que ha guiado este camino, desde Alan Greenspan, alumno de Ayn Rand, a Margaret Thatcher o Bush, todos partidarios de un capitalismo de propietarios que ha tenido efectos en la burbuja inmobiliaria de EE.UU… Para Lanchester las décadas de capitalismo desregulado deben tocar ya a su fin: que las finanzas sirvan a la sociedad en vez de saquearla» (Justo Barranco, La Vanguardia – Dinero).

«¡Huy! recoge datos vertiginosos…Lo que se propone Lanchester en esta obra es algo tan necesario como enrevesado: explicar a los profanos las causas de la crisis. Debo decir que su empeño se ve coronado por el éxito. Incluso yo, que soy refractario a la ciencia económica, he acabado familiarizándome con los swaps, los CDO y demás productos de la ingeniería financiera. Leer acerca de productos tan tóxicos puede parecer una opción truculenta, como lo era leer las biografías de los asesinos de la mafia. Pero leer ¡Huy! me parece ahora prioritario. Porque ayuda a hacerse una idea de la realidad y debería reforzar nuestra cultura cívica e impulsarnos a presionar a los gobiernos para que corrijan la desregulación financiera. Lo que cuenta Lanchester da miedo» (Llàtzer Moix, La Vanguardia).

«El autor de novelas de éxito narra el origen y las consecuencias del caos financiero con claridad formal y rigor económico… Con ¡Huy! el autor ha demostrado que es capaz de simplificar lo complejo sin recurrir al maniqueísmo ni la síntesis exagerada. El secreto radica en buscar referentes cotidianos para explicar situaciones que en principio parecen inescrutables. Por ejemplo, para describir qué ocurrió con los créditos basura (o subprime) no es preciso estudiar macroeconomía, ni siquiera contabilidad, basta con explicar, por ejemplo, cómo un caradura logra recuperar sus bienes cuando los subasta el juzgado a pesar de que él sigue sin abonar las amortizaciones al banco y no paga a ninguno de sus acreedores» (Félix Soria, La Voz de Galicia).

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