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El 2021 constituye un año asombrosamente transgresor de todos los recelos y desconfianzas milenarias que he abrigado desde antes de 1984. Eso es algo que los llamados millennians o generación Y no pueden acabar de entender, al menos en su dimensión emocional, pero los que coronamos el segundo milenio ya bien adultos sabemos bien. Y sin embargo aquí estamos.
 
Comentaba el año pasado que era curioso que los idus de marzo, que es cuando el año arranca desde los tiempos de la república romana, hasta el consulado de Publio Cornelio Escipión y la guerra de Numancia, que trasladó el comienzo de año a Januarius, haya inaugurado el 2020 con una crisis como la del archirrepetido coronavirus (o si lo prefieren el COVID19). Si por avatares personales, he dejado aquí escrito que todos los trajines literarios en los que me he ocupado estos años llegaron a antojárseme cosas baladíes: tertulias, novelas, artículos, publicaciones, presentaciones de libros, semanas negras y semanas blancas…, pueden ustedes imaginar lo que se me antojan en este momento. Y aunque lo son, y en cierto modo siempre lo han sido, lo cierto es que se trata de esas cosas que despiertan nuestra ilusión y, además de ofrecernos entretenimiento y consuelo, más urgentes que nunca, son y siguen siendo una magnífica oportunidad de hacer y cultivar amistades y aficiones. Y eso es lo que las convierte en importantes.
 
De todas esas bagatelas a las que he dedicado tanto tiempo, el Club de Lectura de Narrativa Criminal de Sospechosos Habituales (que hacíamos en Matisse, después en la Casa de Patraix y últimamente en forma telemática), que ha cumplido trece años, se ha convertido sin duda en mi joya particular de la corona. Me preguntaba el año pasado si sobreviviría a la crisis del 2020. Pues bien, lo ha hecho. Sin embargo los Encuentros de Sospechosos Habituales de novela y cine negros  (íbamos preparando el sexto en Chelva y han sido una pequeña extensión de nuestra pasión por el género criminal) han tenido que ser suspendidos dadas las circunstancias como nos temíamos. Espero relanzarlos en septiembre u octubre próximos.
 
Por último, por fin he decidido colgar en Amazon los tres libros que publiqué con Brosquil entre 2002 y 2005: Atracos SL y otros relatos, Asesinos sin remedio y Anillo de compromiso. Me paraba la sensación de condenar al limbo los restos de libros publicados en papel, pero ya hacía tiempo que me tomé de la molestia de corregirlos, actualizar las ediciones y recuperar íntegros los derechos de autor, cuando tuve por seguro en ese mismo limbo, no sólo a mis libros, sino a la propia editorial. Así que ya están disponibles en Amazon para los lectores que tengan la cortesía de interesarse. Aburriros no os vais a aburrir. Y tienen el aliciente que por entonces no se había cernido ni sobre su autor ni sobre sus pocos pero dignos lectores, la más mínima sombra de corrección política. 
 
Consideraos invitados a todas estas actividades y gracias por vuestra atención.

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