Pierre Boileau & Thomas Narcejac: La que no existía (Las diabólicas)

51g83bcbfpl-_sx330_bo1204203200_Nuestro último club puso de relieve el gusto más clasicista de casi todos los asistentes en cuanto a novela criminal se refiere. Me sorprendió que la novela De entre los muertos de Boileau-Narcejac que, como señalaba en mi anterior escrito, tiende al thriller psicológico más que a la novela de detectives clásica o americana y exhibe un estilo literario que recuerda a la qualité balzaquiana, haya gustado más que las de Manchette.
Me pregunto si, en general, sucederá lo mismo con el polar (roman policier), que gustará más que el neopolar (nouveau roman policier). A mí no me disgustaría, ya que nunca he podido creer en la dimensión social o política del género ni pensado que le añada cualidad alguna.
Parece sensato pues dedicar este curso a conocer más de cerca a unos y otros, aunque esta vez en el orden cronológico adecuado: por tanto, con el polar nos esperan nombres como Leo Malet, Jean Amila, Georges Arnaud, Boris Vian, Jose Giovanni o Patrick Modiano (Premio Nobel en 2014), antes que los escritores post-manchetianos del neopolar: Pennac, François Villar, Jonquet, Daeninckx, Yasmina Khadra o Jakob Arjouni, que dejaremos para leer más adelante…
La novela que vamos a leer este mes es la segunda más famosa de la pareja Boileau-Narjenac: Las diábolicas (La que no existía) que el director francés Henri Clouzot llevó al cine con éxito en 1955. Leer dos novelas de cada escritor no podremos hacerlo con el resto de autores, pero sí que nos lo vamos a permitir con la pareja Boileu-Narjenac.
Hay algo de justicia poética en ocuparnos de los franceses ya que fueron ellos quienes desde la editorial Galllimard, pilotada por Marcel Duhamel, inventaron la etiqueta de Série Noir, tal vez inspirado en el nombre de roman noir conque en Francia se conoció a la novela gótica romántica de Stevenson o Poe. Y fue mediante esta colección como se conoció en Europa (y en España) a los grandes escritores americanos de relatos de detectives (hard boiled) y de gángsters (crook stories). Por tanto los franceses, y muy en particular para los escritores y lectores españoles, han estado en el centro del género criminal desde el principio y hasta el final. Esa es una buena razón para leerlos más en profundidad.
Nuestro próximo club será por tanto el próximo miércoles 29 de noviembre a las 8,15 de la tarde en Matisse, calle Campoamor, 60. Ya sabéis que si entráis en la página de la Sala Matisse siempre encontraréis publicado el correo que os envío pero sin los archivos que os adjunto por obvias razones.
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Pierre Boileau & Thomas Narcejac: De entre los muertos (Vértigo)

La lectura de Manchette nos ha devuelto de nuevo a la que tal vez fuera la verdadera patria desudores-frios-97884900646581 nacimiento del género criminal, aunque sólo fuera porque las Memorias de Vidocq iluminaran la imaginación de Edgar Allan Poe, y aunque sea el primero en reconocer la deuda que este ha tenido con la literatura anglosajona durante la mayor parte de su historia. Pero Francia también fue la patria de Gaboriau, de Leblanc, de Leroux y también culturalmente de Simenon, un escritor aún imbatido por el número de novelas y libros vendidos.

Los franceses, vaya usted a saber por qué mecanismos lingüísticos para mí ignotos, llamaban polar al roman policier, y neopolar al intento de renovación manchetiano de los setenta: nouveau roman policier. Fueron los franceses quienes desde la editorial Galllimard, pilotada por Marcel Duhamel, inventaron la etiqueta de Série Noir, tal vez inspirado en el nombre de roman noir conque en Francia se conoció la la novela gótica romántica de Stevenson o Poe. Y fue mediante esta colección como se conoció en Europa (y en España) a los grandes escritores americanos de relatos de detectives y de gángsters. Por tanto los franceses han estado en el centro del guiso criminal desde el principio y hasta el final. Esa es una buena razón para regresar a ellos y quedarse una temporada en nuestro país vecino.

Hemos leído a Manchette, hemos podido apreciar su doble registro de escritor ácido o clásico, de narrador de historias de trasunto político y social y/o de personajes entregados a situaciones violentas no muy lejanas a los patrones del western y hemos descubierto una pequeña galaxia de escritores post-manchetianos: Pennac, François Villar, Jonquet, Daeninckx, Yasmina Khadra o Jakob Arjouni, que dejamos para leer más adelante… Pues bien, un poco antes que Manchette, desde los 40 y en los 50 y los 60, había una gran galaxia de escritores franceses que sobrevivieron a la fiebre del neopolar y resistieron su sesgo político manteniendo el género en sus pefiles clásicos. Los primeros después del monstruo llamado Simenon fueron la pareja de Pierre Boileau y Thomas Narcejac (éste en realidad, Pierre Ayrod). No es extraño que Narcejac iniciara su carrera con un ensayo literario, El caso Simenon (1950), en donde afrontó la difícil tarea de rescatar a un escritor incómodo por razones tan dispares como su éxito de ventas, su chulería machista o su sombría e ignorada colaboración con los ocupantes nazis de su país (Bélgica) debido a sus afinidades antisemitas… Asunto que explica su exilio a Estados Unidos justo en 1945. Separar persona de escritor era necesario para recuperar una obra digna de tener en cuenta.

vertigoPor otro lado, esa pareja de escritores tuvieron el acierto de una colaboración tan interesante como fértil. Casi cincuenta años y treinta y cinco novelas, algunas tan exitosas o notables como De entre los muertos o La que no existía, que sustanciaron películas de gran éxito como Las diabólicas del director francés Henri Clouzot o Vértigo de Alfred Hitchcock.

Lo cierto es que las tramas de Boileau-Narcejac tienden al thriller psicológico más que a la novela de detectives clásica o americana y exhiben un estilo literario que recuerda a la qualité balzaquiana, pero ¿acaso los americanos no habían trabajado en esa línea con resultados tan excelentes como los casos de Cornell Woolrich, alias William Irish, James Cain o Patricia Hightsmith? Pues esa es la línea de nuestros dos escritores y esa será la novela conque nos sumergiremos en su galaxia literaria en donde nos esperan nombres como Leo Malet, Jean Amila, Georges Arnaud, Boris Vian, Jose Giovanni o Patrick Modiano (éste por cierto, Premio Nobel en 2014). Nada a desestimar o pasar por alto en un club como el nuestro.

La novela que vamos a leer será justamente De entre los muertos (Sudores fríos en su última edición de RBA). Nuestro próximo club será el miércoles 25 de octubre a las 8,15 en Matisse (www.salamatisse.es), en la calle Campoamor, 60, Valencia,  como siempre.

Jean Patrick Manchette: Balada de la Costa Oeste y El caso Ngustro

balada_costa_oeste_cvrDespués del éxito de nuestro III ENCUENTRO DE SOSPECHOSOS HABITUALES, dedicado a una figura esencial de la narrativa criminal y del cine negro: la femme fatal, llega nuestro merecido paréntesis estival.
 
Reanudaremos nuestro club de lectura en septiembre con J.P. Manchette, para completar la lectura de este escritor a quien se atribuye la renovación del género policíaco en Francia y la creación de lo que allí nombran como el neopolar (nouveau roman policier).
 
En mayo leímos su primera novela, en colaboración con su amigo J.P. Bastid, Dejad que los cadáveres se bronceen al sol, que tuvo una cierta división de opiniones y Fatal, que suscitó más entusiasmo general en nuestra discusión y puesta en común.
 
Dada la brevedad de sus novelas y la importancia del escritor en el surgimiento de ese fenómeno mediático que se ha dado en llamar de forma genérica novela negra (sobre todo en España y desde aquí en el mundo hispánico y desde luego en el ya consagrado noir francés) e incluso ha adoptado el mundo escandinavo con la expresión de nordic noir, volveremos sobre Manchette y leeremos dos de sus mejores novelas: Balada de la costa oeste y El caso Ngustro. 
 
La primera de ellas acaba de sustanciar una versión cinematográfica reciente en Francia con el título Testigo, si no me equivoco, y es una novela con retrosabor al mejor Cornell Woolrich (nuestro viejo conocido William Irish). La segunda es un interesante thriller político que os recordará también un asunto importante, basada en un caso real —la desaparición en 1965 del político panafricano Ben Barka—, cuyo cadáver fue descubierto hace un par de años en España, junto a la frontera francesa. Os envío dos interesantes reseñas críticas de ambas novelas.
 
Hay que ir más allá del me gusta o no me gusta chicos, ya sabéis demasiado para quedarse ahí y sobre todo es necesario profundizar en el neopolar y el polar franceses, dos obligadas referencias de la novela negra o criminal.
 
Espero que las disfrutéis.

PROGRAMA DEL III ENCUENTRO DE SOSPECHOSOS HABITUALES DE LA NOVELA Y EL CINE NEGROS

Llega nuestro III Encuentro de Sospechosos Habituales de la Novela y el Cine negros. El programa está cerrado y completo hasta la última actividad y las reservas confirmadas gracias a los buenos oficios de Sonsoles Durango que se ha erigido en su directora (dejándome reducido al papel de censor final, cosa que jamás le agradeceré lo suficiente) y a la colaboración de Covadonga, José y Alicia, sin olvidarnos de Ernesto que es quien ha maquetado finalmente el tríptico con el programa perfilado.
En esta ocasión esperamos que el horario se cumpla estrictamente y que placer y séptimo arte no se estorben. Os adjunto el pdf con el programa ya ultimado y os anuncio que quien quiera certificado de asistencia tiene que enviarme sus datos, nombre y apellidos completos.
Las charlas, películas y debates se realizarán en una sala ad hoc del mismo hotel Casa Palacio de Montanejos donde vamos a hospedarnos, y el Mijares nos ofrecerá un baño en un paraje no menos hermoso del que disfrutamos en Fanzara con un poco de cuartel térmico, porque las aguas se benefician de filtraciones termales que alivian ese frío gélido que algunos llamáis frescor.
Aún queda alguna plaza disponible si alguien se anima, este próximo club de 31 de mayo es el límite para decidirse, aunque os recuerdo que nuestros amigos de Novembre Negre del Puerto de Sagunto nos acompañarán el sábado en las actividades y seremos muchos.
Por si hay algún despistado el encuentro será desde el viernes 23 de junio hasta el domingo 25.
Un muy cordial saludo a todos (y nada de todas, gramática de la RAE).
Programa III Encuentro Sospechosos Habituales

Jean Patrick Manchette: Dejad que los cadáveres se bronceen y Fatídica

Confieso que lo he postergado… Pero era imposible seguir evitándolo. Comprenderéis ladejadqueloscadaveressebronceen razón de mi pequeño crimen en cuanto sepáis algo más de él y más todavía cuando lo leáis. Y es que Jean Patrick Manchette siempre me ha producido una mezcla de sentimientos: ternura y desdén, comprensión y rechazo, afecto y odio fenicio… Manchette es un joven idealista (siempre fue joven, desde que sólo era un crío en su barrio de Malakof hasta cuando agonizaba presa de un cáncer, ya muy envejecido…, fue siempre un joven eterno), un gauchiste, como dicen los franceses (como me tachaba a mí mismo mi tío francés pied noir), un comunista desengañado del comunismo, un anarquista que se volvió situacionista porque el anarquismo ya era imposible en su época (los setenta, también mi época de militancia)… Manchette era de esa generación de inconfomistas e intelectuales que protagonizaron mayo del 68, la generación de mis hermanos mayores… Los mismos que acabaron metiendo la pata en casi todo y en todos los detalles salvo en lo esencial: señalar la esclavitud oculta en la confortabilidad del sistema capitalista. Oculta dentro, claro, porque fuera del sistema no era tal.
Manchette hizo otra cosa que no le perdono. Lean una de sus frases prototípicas: “La buena novela negra es una novela social, una novela de crítica social, que toma como anécdota historias de crímenes”. Y esto lo dijo en 1993, no vayáis a pensar que tal cosa se les hubiera ocurrido a alguno de los escritores españoles. Juan Madrid ya se lo había oído antes y Montalbán (que era más listo) jamás se hubiera atrevido a repetirlo. Ya conocéis mi tesis de que la novela negra es una invención francesa adoptada en la Europa del Sur (Grecia, Italia y España) e Iberoamérica, que jamás compartieron ni nórdicos ni anglosajones, que siguieron con lo suyo (y siempre se llevaron el gato editorial al agua).
Manchette escribe bien, demasiado bien en realidad, para lo que necesita el género y es acreedor de haberlo renovado rescatándolo de la alargada sombra de Maigret y Simenon, y de los tormentosos folletines sicológicos de Narjenac y Boileau que Hitchcoq bordaba en el cine. Así el roman policier (en argot polar) devendrá en el nouveau roman policier (neopolar) gracias a su irrupción en la misma famosa colección Sèrie Noire que dirigía Duhamel, y creedme, Duhamel dirigía mucho a sus escritores. Así, le exigió ciertos retoques en su novela El caso N’gustro, y aunque publicó nueve de sus once novelas, también sacó fuera de la colección su novela Fatale, en ambos casos por falta de acción. Eso me recuerda los consejos que por los mismos tiempo le daba a Chester Himes. Bien por Duhamel, era un tipo listo y yo hubiera actuado igual que él, menos rollo de crítica social y más violencia… Y si quieres realismo mejor es que este te salga como accidente (los escritores más reales son los que eliminan más filtros, no confundir con los escritores realistas, que miran a través de esos cristales de colores de los que hablaba Campoamor).
Lo que más me molesta de todo es que os va a gustar y os va a gustar por razones indebidas. Por supuesto, desde mi torcido punto de vista que lo único que pretende es que no se confunda a la novela negra (esa construcción fantasmagórica tan crítica) con la buena novela policial o criminal. Y ese es el problema: Manchette es un escritor (es un tipo) que me gusta y que me emociona, es un buen escritor, pero no es un buen escritor de novela criminal, su narrativa, su universo, es demasiado político, demasiado moral… O tal vez no y estoy equivocado…
He elegido para leer la primera novela que le publicó Gallimard en 1971: Laissez bronzer les cadavres!, (Dejad que los cadáveres se bronceen) escrita en colaboración con Jean-Pierre Bastid, amigo y colaborador suyo en muchos proyectos, y otra que tuvo mucha repercusión, recientemente reeditada en España por la editorial Navona: Fatale (Fatídica, en español, 2016). En palabras de algún crítico: «Fatídica no es una novela negra al uso, de hecho fue sacada de la colección Sèrie noire de la editorial francesa Gallimard, que la editó en 1977 y en la que estaban incluidas todas sus obras anteriores, por considerar que carecía de poca acción. Sin embargo, el argumento y el escenario de la novela son tan bien tejidos, dispuestos sobre un patrón tan bien trazado, que hacen que la grandeza de esta novela no merezca estar encorsetada por la etiqueta «novela negra».
fatidica
En palabras de su editor, Pere Sureda: «Reeditar Manchette ahora, y precisamente esta novela es un acto deliberado y pensado con intención de dar un golpe en la mesa de las novedades policiales y aclarar, recordar quién es quién. Parece que estamos en un tiempo en el que todo vale y no hay seriedad suficiente a la hora de catalogar qué es qué. Esto es un policial de verdad. Si lo leen los lectores actuales notarán la diferencia. De eso se trata, de recordar y reafirmar lo orígenes. Porque está casi todo escrito».
Nos vemos el miércoles 31 de mayo en Matisse.

Manuel Vázquez Montalbán: Los Mares del Sur

losmaresdelsur-montalbanAlguna vez es también interesante seguir los planes trazados, y después del éxito de Maj Söjwall y Per Wahllöö y sus esforzados policías de Estocolmo (tan lejos del tópico y corrupto policía americano de los 30 y los 40) debemos quedarnos en Europa y echar un vistazo a lo que estaba empezando a pasar en España. Aquí, tras el franquismo, los policías iban a tardar unos cuantos años en aparecer como protagonistas de una novela criminal (o negra) pese al honrado intento de García Pavón de adaptar el género a la castiza realidad española del tardofranquismo. Y lo mismo iba a pasar en Francia e Italia, bien sea por la resaca del colaboracionismo o por la del fascismo. La Europa latina no se había reconciliado con sus fuerzas policiales.

Nuestro autor elegido, Manuel Vázquez Montalbán, es uno de los maestros del arte de escribir y de un género, el criminal, que personalmente jamás creyó que se escribiera en serio en España. Pero una cosa es lo que uno cree y otra lo que uno hace bien, mal que le pese. Supongo que Montalbán nunca tuvo intención de ser uno de esos escritores de novela policíaca, criminal o negra. Y no lo digo yo, lo dice él mismo refiriéndose a su invención de Carvalho en 1972: “Era una época bastante difícil, ya que el franquismo parecía eterno y teníamos la impresión de que nada cambiaría. Como fruto de esta sensación escribí Yo maté a Kennedy. Aquella novela refleja un mundo irreal que venía de la empanada mental que vivíamos. Allí cabía todo: poemas, textos de vanguardia, influencia del cómic y del cine… Era un maremágnum que reflejaba la descomposición de la novela que creíamos que estábamos viviendo”. (Entrevista de Xavier Moret, en EL PAÍS del 19/2/1997.) A fin de cuentas, por entonces, la literatura española andaba liada con ese tema de las vanguardias artísticas y la censura franquista, perdida en el sinsentido de su ridícula existencia: “Yo maté a Kennedy tenía que publicarse en Seix Barral, pero la censura se mostró implacable. Carlos Barral me aconsejó que la llevara a Planeta, que tenían más mano con la censura. Así lo hice y el único cambio que me impusieron fue el de sustituir ‘cuerpo’ por ‘carne’ cuando hablaba de una señora estupenda.” (Entrevista por Xavier Moret, en EL PAÍS del 19/2/1997.)
Y lo repite con la novela que tras la patochada de Yo maté a Kennedy, inicia su producción de narrativa criminal:Tatuaje: “A principios de los setenta vivíamos en una dictadura literaria: o escribías como Juan Benet o no eras nadie. A los jóvenes se les exigía que escribieran el Ulises. El resto eran subliteraturas. Un día, en plena euforia etílica con mi amigo José Batlló, nos burlábamos de la literatura de vanguardia y él me desafió a escribir una novela de guardias y ladrones. Acepté el reto y escribí Tatuaje en 15 días. La crítica la recibió fatal y me acusaron de lanzarme a un suicidio profesional, a una operación comercial. Hacer una novela de detectives en el rigor mortis de la cultura española de la época era horroroso. Para mí, sin embargo, era una novela experimental, ya que Carvalho no era un detective al uso. Vivía con una puta, quemaba libros, era ex comunista y ex agente de la CIA.” … “Yo maté a Kennedy no fue ningún éxito, ni Tatuaje…”(Entrevista de Xavier Moret, en EL PAÍS del 19/2/1997).

Por si no pecaba lo suficiente con todo ello (que le oí contar personalmente sin el más mínimo rubor), fue también  guionista de la película Tatuaje basada en la novela, dirigida en 1976 por Bigas Luna e interpretada por Carlos Ballesteros en el papel de Carvalho, Pilar Velázquez en el papel de Charo y Mónica Randall en el papel de Teresa Marsé.

Aunque os envío estas dos novelas, Yo maté a Kennedy y Tatuaje, para aquellos que no las hayáis leído, por deferencia con los compañeros del Jordi que vienen a mi otro Club de Lectura en Matisse, os propongo que leamos una de las mejores novelas de la serie Carvalho: Los mares del Sur.

Todo ello el miércoles 17 de mayo.

Ed McBain: Odio (Cop Hater) y Ojo con el sordo

71hr0duvlclDecía en nuestro anterior correo que nos iba haciendo falta un revulsivo, un escritor que no sea como esperamos y que nos cause o proporcione una sorpresa, y citaba a Horace Mccoy, a Cain, a Woolrich, y se me olvidó citar tal vez al que nos dio la mayor sorpresa, Charles Williams. Decía que también tendríamos que leer y conocer a escritores malos (malos en el sentido de malos escritores y/o de escritores “fachas”, valga la palabreja lo que valga). Y haberlos los hay: junto al Mickey Spillane y su Mike Hammer encontramos a Michel Avallone y su Ed Noon, y en los inmediatos 60 nos encontramos a escritores que se han librado de ese estigma casi de milagro, como sin ir más lejos le ocurrió a Chester Himes, padre de dos policías negros algo brutales y de gatillo fácil, Ataúd Jhonson y Sepulturero Jones, que hicieron nuestras delicias la temporada pasada. En realidad Himes se libró de ese estigma en Francia y España por ser negro (lo que le daba patente de corso de crítico social progresista), en EE.UU. fue absolutamente ignorado por la acidez de sus novelas (como Jim Thompson) y por no sumarse a los lloriqueos étnicos afroamericanos tan en boga a partir justamente de los 60.

Hay que reconocer que la primera novela de Spillane, Yo el jurado, es torpe y bastante insufrible, Un caso tortuoso se sostiene algo mejor, pero tampoco es ninguna joya. Pero es conveniente recordar un pequeño detalle: las novelas sólo pueden juzgarse como estructuras narrativas válidas o no, no como plataformas de valores morales o políticos encarnados en sus personajes, y si Spillane hubiera sabido construir sus personajes e historias como lo hizo Chester Himes, sería tan bueno como Chester Himes, o como Jim Thopsom, sin ir más lejos, cuya distancia con una visión brutal y pesimista de la sociedad y del ser humano, como la de Himes, es la del escéptico con la del nihilista.

Pues bien, Ed Mcbain (Salvatore Lombino, en realidad, que cambió su nombre como tantos para parecer más americano por el de Evan Hunter) es uno de esos escritores que van a dar un empujón clave a los cánones del género criminal americano, apartándolo de los tópicos del detective y del criminal (circunstancial o profesional) y arrimándolo a las comisarías de policía. Efectivamente, la decadencia del detective ya era manifiesta en Mccoy y Cain, y neta en Himes y Thompson, pese a los buenos oficios de McDonald y su simpático Archer. Justo es en este momento cuando Spillane sigue intentando mantener a esa figura detectivesca con el “duro” Mike Hammer, con un éxito de ventas que no ha sobrevivido al paso del tiempo. Mcbain con sus protagonistas corales de la comisaría del Distrito 87 dará el definitivo impulso para que la narrativa criminal americana se convierta de forma hegemónica en narrativa policial, y todavía más, incluso para que dos periodistas suecos que ya conocemos, Söjwall y Wahllöö, se inspiren en los personajes del distrito 87 para crear a su grupo de homicidios de Estocolmo, liderados por Martin Beck, al igual que el teniente Byrnes lidera a sus policías de la 87. Con Mcbain, las investigaciones policiales son auténticas investigaciones, los procedimientos forenses son auténticos procedimientos forenses y los criminales, auténticos criminales, de esos que se encuentran en cualquier gran ciudad americana. Y todo ello pese a que en la Europa del sur (e incluso en Francia) se vaya a seguir cultivando el género a base de alejarse de las comisarías todavía durante un par de décadas.

De alguna manera, Himes, Spillane, Thompson, Westakle y Mcbain, cada uno a su modo peculiar, han acabado con el reino de los detectives, tanto aristocráticos y elegantes, como con traje arrugado y botella del whisky en el cajón inferior de su mesa de despacho.9788498679731_215x325

Ed Mcbain es también responsable de inspirar a una famosa serie americana de los 80, que marcó desde entonces las incontables series televisivas que han influido tanto en nuestras expectativas en esta materia de Bretaña que se pretende llamar novela negra. Me refiero a la inefable Canción Triste de Hill Street, en donde la realidad social y la grandeza y miseria humanas se colaban por todos los fotogramas. Vamos a leer su primera novela Odio (Cop Hater), aunque nunca está demás leer alguna posterior cuando todos los personajes han cuajado un poco mejor, como ocurre con Ojo con el sordo.