Programación del club de lectura del IES Jordi

El Club de lectura de narrativa negra y criminal que se propone para la Biblioteca del IES Jordi de Sant Jordi tiene por objetivo hacer un recorrido desde los orígenes del género hasta el momento actual leyendo las obras originales más importantes.LEER_4_10_Holmes_CUB.indd

La idea es conocer a fondo la evolución y cambios que se han producido en el género en el siglo y medio que lleva en vigor, calibrar su calidad, su particular equilibrio entre ficción y realidad, entretenimiento y reflexión, sus tópicos y reglas… Y, lo más importante, conversar a gusto sobre todo ello una vez leídos a los mejores autores.

1ª Sesión:La creación del género criminal.
Lecturas: E. A. Poe: Los crímenes de la calle Morgue / La Carta robada (1845) / Emile Gaboriau: El caso Lerouge (1866).
2ª Sesión:La consolidación del canon detectivesco.
Lecturas: A. Conan Doyle: Estudio en escarlata (1887). / Las aventuras de Sherlock Holmes (1891).
3ª Sesión: La edad de oro: la novela detectivesca clásica.
Lecturas: G. K. Chesterton: La incredulidad del padre Brown (1926) /Agatha Christie: Asesinato en el Orient Express (1934).
4ª Sesión: La edad de plata: la novela negra americana.
Lecturas: Dashiell Hammett: Una mujer en la oscuridad (1933) /Raymond Chandler: El sueño eterno (1939).
5ª Sesión: La novela policial europea y la supremacía del modelo americano.
Lecturas: George Simenon: Pietr el letón (Maigret, 1931-32)/Ross Macdonald : La mueca de marfil (1951).
6ª Sesión: La consolidación de la nueva novela policial europea: Suecia.
Lecturas: Per Wählo y Maj Sjowall: Rosseanna (1965) / El hombre del balcón (1967).
7ª Sesión: El intento de recreación de la novela negra en España.
Lecturas: Juan Madrid: Un beso de amigo / Las apariencias no engañan (1980-82).
M. Vázquez Montalbán: Yo mate a Kennedy / Tatuaje (1970-2).
8ª Sesión: La novela criminal americana y europea abandonan al detective.
Lecturas: James Ellroy: La colina de los suicidios (1986) / Ian Rankin: Nudos y cruces (1987).
9ª Sesión: El nuevo patrón de la novela criminal contemporánea.
Lecturas: Henry Mankell: Asesinos sin rostro (1991) /Andrea Camilleri: La forma del agua (1994).

El club de lectura se realizará en sesiones mensuales, los penúltimos jueves de cada mes a partir de las 7,30 de la tarde, ajustándose las fechas en caso de periodos vacacionales, en la biblioteca del centro.

El club está abierto a alumnos de bachillerato y ciclos, padres, profesores y personal no docente, es de asistencia libre y voluntaria y sólo conlleva dos condiciones: leer los libros y participar en las tertulias, ambas en la medida de los deseos de los asistentes.

YO, ASESINO

Antonio Altarribaasesino_portada

[134 págs.] Norma Editorial, Barcelona, 2014.

No suelo leer cómics. Cierto que fui aficionado a ellos muchos años, cuando se llamaban tebeos o historias gráficas, desde los tiempos de El Capitán Trueno al Mutants World de Richard Corben, pasando por los inevitables superhéroes de Marvel, Tintines y Asterix…, aunque entre el magnífico Arrugas de Paco Roca y otros recientes cómics, como sin ir más lejos este de Antonio Altarriba, no descarto que vuelvan a atraparme.

Contra la extrema obviedad de título y motivo de portada, me sorprendió esta historia por su originalidad y su ambición. El arranque es potente: un profesor de Arte de la Universidad del País Vasco, Enrique Rodríguez, se confiesa un asesino movido por el puro placer del asesinato, mata de improviso y a continuación pronuncia una conferencia sobre el “arte de la crueldad” en la que defiende la naturaleza despiadada del arte como una seña de identidad, una constante, del arte de occidente, casi siempre al servicio del poder… Y no existe ninguna referencia en todo el libro -en el discurso del ilustrado asesino- a Thomas de Quincey y su famoso “Del asesinato considerado como una de las bellas artes”. Algo que no puede ser olvido sino rechazo del tópico, lo cual es muy de agradecer. El protagonista no asesina por interés o pulsión, sino con fría deliberación, casi por deporte. El guión de Antonio Altarriba no esquiva las realidades (o mejor llamarlas miserias) políticas de la universidad vasca, con sus apóstoles de la identidad y las envidias y rencillas propias del narcisismo universitario, al revés, utiliza todo ello y lo hace con brillantez como contexto de las atormentadas acciones y reflexiones de nuestro peculiar personaje, de forma, que conforme avanza la acción, ésta resulta no solo coherente con sus puntos de partida (es decir, verosímil) sino además descarnadamente realista, hasta el extremo de que determinadas circunstancias obligarán al profesor asesino a traicionar la pureza de su móvil para sobrevivir.

Como dice Jesús Játiva de forma clara y concisa: “Yo, asesino no trata únicamente del asesinato. Altarriba se mete muy de lleno en el papel del protagonista y por eso mismo lo asemeja a su propia situación (recordemos que Altarriba es profesor de literatura francesa en la universidad del País Vasco): al igual que Enrique busca el arte en el asesinato, Altarriba lo busca creando un guión cruel y sincero sobre las posibilidades de matar. Además, la obra proporciona un contexto a todo lo que rodea al asesino y al asesinato: el nacionalismo vasco, las relaciones familiares y la ambiciosa carrera de ascensión y las luchas intestinas que llevan a cabo todos aquellos que buscan un puesto mayor en su carrera, en este caso la universitaria. Por su parte, los lápices de Keko casan a la perfección con la truculencia de la historia: el blanco y negro sin grises y la aparición del rojo para la sangre”. [Reseña zona negativa]

TRAS LAS HUELLAS DE HERÓDOTO

Antonio Penadés

[382 págs.] Almuzara, Córdoba, 2015.

No voy a ocultar el carácter algo interesado de esta reseña crítica pero elogiosa, de un libro que no deja de merecerla por tratarse de la obra de un buen amigo mío, Antonio Penadés. En la mejor tradición de los libros de viajes de plumas que han creado escuela, desde Ryszard Kapuscinski a Javier Reverte, Penadés nos ha conseguido regalar un delicioso diario de ruta que efectúa, en la geografía del presente, las mismas andanzas que realizaron en el pasado el propio Heródoto y el gran rey Jerjes al frente de su infinito ejército invasor de la Hélade. Así, nos permite establecer un diálogo entre los escenarios y circunstancias actuales –que recorre en un viaje personal– y los de un pasado remoto que, sin embargo, está en los mismos fundamentos de nuestra cultura y nuestros valores actuales, y que nos conviene conocer y recordar.

Y mi referencia Kapuscinski y Reverte no son retóricas, ni de trámite, sino bien traídas ya que –como no se le escapa a Penadés–  el maestro del periodismo Kapucinski tituló precisamente “Viajes con Heródoto” su primer libro, cuando la redacción de su periódico lo envió a la India como reportero, allá por los años 50, con la obra del padre de la Historia cómo único equipaje –aunque en España ha sido el último de sus libros traducido y publicado–, consiguiendo un extraño diálogo entre lo leído y lo vivido. Respecto a Reverte, su ajuste de cuentas entre su condición de testigo del presente y viajero del pasado en una geografía muy próxima a la elegida por Penadés, la encontramos en “Corazón de Ulises”, un libro que le lleva en un recorrido desde Itaca, el Peloponeso y las costas del Egeo hasta la costa oriental de Turquía y las orillas del mar Negro, estableciendo el mismo diálogo entre un ayer épico y un hoy real y lleno de vida. Y al igual que en el libro de Penadés, consigue reactualizar unos hechos y valores que están en nuestros genes. Bien que, pese a constituir referentes de la obra de Penadés, ésta tiene su propio ritmo y objetivos, ambos muy personales, como no puede ser de otra manera tratándose de un excelente trabajo.

“Tras las huellas de Heródoto” es la crónica de un viaje muy especial, pues más allá del riguroso recorrido por las antiguas ciudades de la Jonia, se trata un viaje espiritual e intelectual entre el enorme legado de los griegos antiguos y nuestra desmemoriada civilización actual. Un viaje que recomiendo encarecidamente realizar a mis lectores accidentales.

NO ESTÁ SOLO

Sandrone Dazieri

[550 págs.] Alfaguara, Barcelona, 2015.

La novela clásica detectivesca murió de una enfermedad relacionada con la verosimilitud, razonaba en uno de mis artículos dedicados a la evolución del género criminal (Debats, 122). Y, efectivamente, en los años 70 los lectores que se enfrentaban a los ingeniosos crímenes de esta o aquella parte del océano y que excedían la inteligencia de la zafia policía de Su Majestad (o metropolitana de cualquier ciudad de los EE.UU.) y tenían que ser resueltos por geniales detectives llenos de manías, y luego comparaban esas situaciones con lo que veían simplemente en las películas de cine negro (o leían en infames ediciones de novelas de kiosco), empezaban a preguntarse si eso de los detectives aficionados o profesionales no era una bobada. O al menos, eso me empezó a pasar a mí más o menos por entonces. Ahora en España, postular para el género criminal un término que no lleve el calificativo “negro” es casi una herejía, y sigue estando mal visto proponer policías (aun poco heroicos) como protagonistas. Salvo que vengan del frío norte, por supuesto. Y el “Giallo” italiano no está para dramas fuertes desde que esa veta literaria ha tenido a su Cervantes (salvando las distancias) con Camillieri y su peculiar ajuste de cuentas satírico con el género. Por eso los escritores saltan por encima de ese muro que es la novela negra y dicen que hacen thriller… Es decir, lo que ellos entienden por tal cosa: “Un niño desaparece a las afueras de Roma. La madre es encontrada muerta y los investigadores creen responsable al marido de la mujer. Sin embargo, cuando Colomba Caselli llega a la escena del crimen se da cuenta de que algo no cuadra” –permítaseme precisar que casi la obligan porque está de excedencia–. “Colomba tiene treinta años, es guapa, atlética y dura” –permítaseme decir: ¡uf! –. “Formó parte del Departamento de Homicidios de Roma, pero desde hace meses es incapaz de superar lo que llama el Desastre” –un criminal perseguido hace estallar una bomba y se lleva por delante a una docena de víctimas y a sí mismo antes de ser capturado, a la chica no le falta razón en llamarlo así­–, “hasta que este caso vuelve a llevarla a la acción. Para resolverlo contará con un colaborador tan eficaz como peculiar: Dante Torre, un joven genio cuya capacidad de deducción solo es igualada por sus paranoias”. –¡Uf!–. “Él también es un superviviente: fue secuestrado durante once años en un silo por un hombre que se hacía llamar El Padre. Ahora tiene pánico a los espacios cerrados y ha hecho de su habilidad para encontrar a personas desaparecidas su trabajo. En la búsqueda de la verdad, Colomba y Dante deberán enfrentarse a su mayor pesadilla ante un caso de ramificaciones insospechadas”. [Reseña lecturalia]

Que nadie se haga ilusiones con las ramificaciones insospechadas, se trata de los consabidos experimentos sobre el comportamiento con fármacos de la época de la guerra fría, aplicados en este caso a niños con ciertos rasgos de autismo -vaya usted a saber por qué-, realizados en secreto por la CIA y copiados por los servicios secretos italianos en los años de plomo… Supongo que para despertar simpatías con eso de la necesaria crítica sociopolítica… Y el malo es, siguiendo la mejor tradición de la novela de intriga, uno de los forenses que se conocen desde el principio, pero no se preocupen que sale tanta gente que les sorprenderá igual.

Como siga así, eso que llaman thriller también se va a morir, pero va a ser de una enfermedad relacionada con la estupidez.

PERSONA

Erik Axl Sund (Jerker Eriksson & Hakan Axlander  Sundquist)

[403 págs.] Random House, Barcelona, 2015.

El nordic noir está acabado. Ese es el título que sería perfecto para esta reseña crítica si fuera necesario buscar uno. Y sería una pena de título porque, dejando aparte lo tonto de esa etiqueta de nordic noir, la novela criminal escandinava fue la que sentó el patrón clásico de la actual novela policial europea desde que Maj Sjöwall y Per Wahlöö publicaron entre 1965 y 1975 sus diez novelas policiacas clásicas, en particular las dos primeras: Roxana y El hombre del balcón. Estremecedoras, pero al mismo tiempo sin horrores gratuitos y con un tono y un tempo verosímiles y ajustado al realismo del género.

Siempre he admirado y disfrutado con el mejor discípulo de estos dos pioneros, Henning Mankell, y ello pese a que varios de sus argumentos son más que discutibles (La leona blanca o Los perros de Riga, por ejemplo), y también me he rendido ante la amarga sobriedad del islandés Arnaldur  Indridason. Todavía peor, me confieso adicto a Jo Nesbo (adicción en vías de curación desde la lectura de El muñeco de nieve y confirmada por la de su primera novela El Tigre, que más valía no haber traducido) y reconozco haber disfrutado de la trilogía algo esperpéntica de Stieg Larsson (Los hombres que no amaban a las mujeres) porque la agilidad narrativa disimulaba bien los descosidos argumentales. Y para rematar, aún rescataría a otros dos muy poco conocidos escritores de este rincón europeo del género criminal: Johan Theorin y su muy personal Cuarteto de Öland y Jens Lapidus y su Trilogía de Estocomo, tan diferentes entre sí en todo salvo en la calidad. Pero con Äsa Larson me bastó una sola de sus novelas, Aurora Boreal (aunque reincidí con la segunda, Sangre derramada), para saber que el barco escandinavo estaba acercándose a aguas peligrosas, a los bajíos del sensacionalismo y los arrecifes de la violencia morbosa. De hecho, tanto Stieg Larson como Jo Nesbo ya habían abusado de singlar esas aguas. Por eso ni siquiera ojeé a Camila Läckberg…

Ahora, dos músicos reconvertidos a escritores, Jerker Eriksson y Hakan Axlander  Sundquist, botan una nueva barcaza en las mismas aguas sangrientas: un thriller con asesinatos, violaciones, mutilaciones e infanticidios, inicio de una trilogía que ya ha vendido un millón de ejemplares.  En sus propias palabras: “La novela es más personal de lo que se pueda pensar. Por supuesto, no somos asesinos en serie, pero la historia sale de nosotros mismos y de nuestro círculo más cercano… Cuando empezamos a escribirla, no era un novela negra, era una terapia para nosotros”. ¡Uf! Tamaña presentación (de la que les ahorro la idea de lo que es una novela negra que tienen nuestros dos bardos metidos a rapsodas) hace que se tengan expectativas de alguna sórdida historia real como base del argumento, que puede resumirse así: La psicoterapeuta Sofia Zetterlund está tratando a dos pacientes fascinantes: Samuel Bai, un niño soldado de Sierra Leona, y Victoria Bergman, una mujer que lucha para hacer frente a un profundo trauma infantil ocasionado por los abusos paternos… Tienen el mismo problema: trastorno de personalidad múltiple. Entonces, un joven es encontrado muerto en un parque de Estocolmo con muestras de terribles abusos. La inspectora Kihlberg y la terapeuta Zetterlund tendrán que tratar de resolver el crimen. [http://www.lecturalia.com/libro/93062/persona]

Bueno, caí en la trampa (alguien que me aprecia me regaló el libro para mi cumpleaños), lo leí y confirmé mi opinión acerca de los escritores expertos en música electrónica y de la definitiva ruina del nordic noir en semejantes rutas. Y voy a ser más duro todavía para evitar tentaciones morbosas: ¿alguien puede creer que una psicoterapeuta puede tratarse a sí misma y ser una terrible asesina en serie sin enterarse, la pobre, por tener personalidad múltiple? Pues eso.

SUMISIÓN

Michel Houellebecq

[283 págs.] Anagrama, Barcelona, 2015.

El mismo día que se producía el sangriento atentado contra la revista Charlie Hebdo de París, Houllebecq tenía previsto presentar su última novela, Sumisión –traducción literal de la palabra Islam–, cuya temática no podía ser más molesta, inoportuna y provocadora por cuanto añadía leña al fuego de la islamofobia desencadenada por la creciente locura yihadista: la Hermandad musulmana (partido islamista moderado de los inmigrantes y ciudadanos franceses) conseguía ganar las elecciones presidenciales de 2022 en Francia gracias a un acuerdo con el PSF y otras fuerzas políticas unidas para evitar el triunfo de la derecha de Marine Le Pen. La acción  se despliega a través del punto de vista de un profesor de la Sorbona, François, especialista en Huysmans, que representa el  individualismo pesimista, cínico y hedonista del francés culto y laico y que podría reflejar al propio Houllebecq. Un protagonista cuya reacción al clima de cambio y de amenaza de guerra civil en la Francia civilizada es la claudicación ante un islam espléndido de petrodólares.

“El libro ya ha generado tantas opiniones entusiastas como escandalizadas –comentaba Alex Vicente en su reseña del libro– pronunciadas por una habitual retahíla de comentaristas mediáticos, desde el filósofo Alain Finkielkraut —quien sostuvo que Houellebecq habla de “un futuro que no es seguro, pero sí plausible”— al presentador Ali Baddou, que aseguró ayer que el libro le había dado “ganas de vomitar” por su “islamofobia”. El director del diario Libération, Laurent Joffrin, escribió que el novelista no hace más que “calentar el asiento de Marine Le Pen en el Café de Flore”, refugio de la intelectualidad parisina, haciendo entrar las tesis ultraderechistas sobre la supuesta invasión musulmana en el cuadrilátero de la literatura”,[reseña de El País].  Y la polémica continúa seis meses después, como no podía ser de otro modo. Ya he recogido varias descalificaciones del libro como novela floja y orientada a hacer el juego a la derecha xenófoba europea. Siempre me he preguntado si estas consignas corren o se reproducen por generación espontánea.

Lo cierto es que esta no es una gran novela de Houllebecq, muy por debajo de Ampliación del campo de batalla,  Las Partículas elementales o Posibilidad de una isla, desde el punto de vista de la capacidad perturbadora del texto, pero tampoco puede despacharse con tanta facilidad, porque el autor pone el dedo sin complejos en una llaga abierta en el pensamiento correcto políticamente (no necesariamente socialdemócrata, pero sí tan típico de ese progresismo laico y civilizado tan rendido al multiculturalismo) y que no es otra cosa que la incapacidad de condenar sin reservas el carácter retrógrado (e incluso bárbaro) del islamismo no sólo radical, (faltaría más) sino moderado. Incapacidad que no parece paralizarle cuando se trata de mantener a raya a las confesiones religiosas cristianas en sus diferentes y peculiares versiones. Personalmente, siempre me he preguntado qué pecado original nos impide detestar la religión islámica con el mismo entusiasmo con que somos capaces de detestar la nuestra.

Aunque no lejos de la islamofobia visceral de Oriana Falacci, al menos puede decirse que las razones de la islamofobia confesa de Houllebecq son intelectuales de pleno derecho.

No puede negarse que el libro se lee con interés y que no te deja indiferente. Es imposible resistirse a la fascinación que ejerce la serpiente antes de que nos muerda.

CRÍMENES APROPIADOS

Fabio Nahuel Lezcano

[404 págs.] JPM Ediciones, Valencia, 2015.Crímenes apropiados

Cuando se hace crítica, se tiene que hacer crítica. Este libro ganó la primera edición del Premio de Novela Negra Cosecha Roja convocado el año pasado y otorgado y publicado éste. Lo compré por expresa y personal recomendación de Miguel Fuentes, con quien confieso bastante sintonía en gustos relacionados con el género criminal (o si lo preferís, negro). Por eso no es de extrañar que la recomendación conjunta de Cosecha Roja, Burma y Negra y criminal de este mes recaiga en un libro de la editorial Sajalín, cuyo trabajo coincido en elogiar: Los reyes del jaco de Vern E. Smith. Pero Crímenes apropiados no tiene propio de una buena novela ni el título… Es el típico libro que sólo se parece mucho a un buen libro.

El argumento nos lleva la Argentina de la dictadura (durante la época dura de las desapariciones y las torturas y al final, en la más blanda del retorno a la democracia) a través de unos personajes cuya crueldad hace empalidecer a Fumanchú y al Doctor No, mancomunados (y no exagero, adoptar hijos de desaparecidos para salvarlos del comunismo ya es fuerte, pero para lo que lo son aquí es una vuelta de tuerca que cuesta tragarse). Militares y financieros (en este caso de los medios de comunicación), son los malvados prototípicos de toda novela negra argentina que se precie (al igual que en España si no sale algún viejo fascista, meapilas, financiero o ex miembro de la político-social en el círculo del crimen, parece que la cosa no se tenga en pie). La pena es que la prosa no tiene mala hechura si difuminara un poco sus costuras. Y es que moviliza recursos ambiciosos: alternancia de voces narrativas en los diversos capítulos (y de recursos gráficos como el uso de versales cuando hablan los malos principales), uso de iniciales seguidas de punto al estilo kafkiano para designar a los personajes clave, trama entrecruzada a base de episodios muy rápidos junto a otros muy subjetivos, historias dentro de historias… Habría casi que tomar notas para no perderse, pero cuando un libro se vuelve fatigoso (y demasiado previsible) solo hay una cosa que hacer y no es tomar notas precisamente. Hacía tiempo que no me había pasado con una novela criminal, no tanto con una de esas novelas negras recientes.

Me pregunto cómo habrán sido las novelas que no ganaron el premio, salvo que una lectura apresurada del jurado se hubiera dejado seducir por un libro que se parece mucho a un buen libro.

NADA QUE ESPERAR

luis valera muñoz

Tom Kromer

[214 págs.] Sajalín Editores, Barcelona, 2015

Sorpresa. Hacía cuatro o cinco años que no me acercaba a una Feria del Libro… De vuelta de Editilde y de vuelta de Brosquil Ediciones estaba saturado de esa feria de las vanidades para aficionados que son las patéticas ferias del libro, y lo de Brosquil fue más duro porque las últimas veces fui como autor, no como editor (lo cual sólo es más duro por ser más oneroso). El caso es que me pasé por la Feria de las ferias, la de Madrid (un poco por casualidad pues no había ido por la feria) y pude rastrillarla bien el mismo día de la inauguración y he aquí que me encuentro con una editorial jovencísima (2009), con editores jóvenes y un catálogo pequeño pero atractivo (www.sajalineditores.com) dedicado cien por cien a traducciones inéditas de escritores poco o nada transitados por el…

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NADA QUE ESPERAR

Tom Kromer

[214 págs.] Sajalín Editores, Barcelona, 2015

Sorpresa. Hacía cuatro o cinco años que no me acercaba a una Feria del Libro… De vuelta de Editilde y de vuelta de Brosquil Ediciones estaba saturado de esa feria de las vanidades para aficionados que son las patéticas ferias del libro, y lo de Brosquil fue más duro porque las últimas veces fui como autor, no como editor (lo cual sólo es más duro por ser más oneroso). El caso es que me pasé por la Feria de las ferias, la de Madrid (un poco por casualidad pues no había ido por la feria) y pude rastrillarla bien el mismo día de la inauguración y he aquí que me encuentro con una editorial jovencísima (2009), con editores jóvenes y un catálogo pequeño pero atractivo (www.sajalineditores.com) dedicado cien por cien a traducciones inéditas de escritores poco o nada transitados por el lector español. Línea limpia que me recuerda un poco a las Ediciones del Acantilado, bien cuidada y con calidad gráfica, con una inequívoca vocación de cuidar lo marginal poniendo de relieve lo injusto de esa marginalidad.

Ejemplo nuestro autor, Tom Kromer, un joven arrojado a la supervivencia en lo más duro de la depresión de los años 30, un escritor de un solo libro publicado en 1935 (junto a unos relatos breves publicados hasta 1937 en Pacific Weekly) que acabó devorado por la mendicidad… ¿Por qué su estremecedora lectura nos resulta hoy tan familiar? ¿Es solo por la crisis que hemos dado en bautizar como Gran Recesión a imitación de aquella Gran Depresión? El texto es toda una lección de estilo literario directo, objetivo y, a la vez, desnudo y duro, y tierno… Y esa combinación es particularmente perturbadora. Un conjunto de relatos, intercomunicados entre sí, que merecen ser leídos, y tanto que lo merecen. Enhorabuena a sus editores y a su traductora por su trabajo.

UNA HERENCIA INCÓMODA. Genes, raza e historia humana

Nicholas Wade

[293 págs.] Ariel, Barcelona 2105.

Así empezaba la reseña de El País de Javier Sampedro que me impulsó a comprar y leer este  ensayo: “Este libro está destinado a causar una bronca monumental entre científicos sociales, pensadores y lectores de todo signo —como ya ha hecho su versión inglesa en Estados Unidos—…”

Y seguía: “Wade sostiene que hay un componente genético en el comportamiento social humano, y que esos genes están tan sujetos al cambio evolutivo como los que controlan el color de la piel, el metabolismo de las grasas o la adaptación a las grandes altitudes; que esa evolución del comportamiento social ha seguido cursos diferentes en las distintas razas, y que esas diferencias, aunque leves, han tenido efectos multiplicativos en las instituciones que prevalecen en una u otra población humana. El autor reconoce que nada de esto son hechos probados, sino conjeturas, y el libro consiste en una detallada argumentación a su favor: un argumento que quiere otorgar un papel a la evolución biológica en el gran drama de la historia humana”. [Reseña Babelia]

Imposible resistirse, ¿verdad? El ensayo no defrauda más allá de alguna disquisición oscura sobre proteínas o alelos, simplemente plantea una idea inquietante (más que incomoda) acerca de la posibilidad de que algunas ventajas adaptativas referente al comportamiento social se hayan reflejado en nuestros genes tal y como ha sucedido con la activación del gen de la lactasa que permite digerir la lactosa a los adultos de determinadas zonas geográficas (por poner un ejemplo entre otros muchos). Así, podría tener un correlato genético cierta predisposición de determinados grupos humanos (no me atrevo a hablar de razas ni subespecies) a la colaboración social, al individualismo agresivo o a la innovación tecnológica… Sugerente planteamiento que desafía la idea predominante en ciencias sociales de que la especie humana es única desde que hace unos ¿cien mil?, ¿treinta mil años?, aparece como especie dominante del género Homo y termina extinguiendo a nuestro primo hermano, el Homo Neanderthalensis, y que todos los comportamientos sociales tienen como único vehículo de expresión y fijación la cultura y las instituciones sociales.

¿Una sobredeterminación dialéctica biológica en lugar de geográfica, pero tan materialista como ésta, como intuyeron los marxianos de los años setenta? En todo caso, el problema de la trinidad medio, biología y cultura sigue irresuelto y eso no es malo sino intrigante y motivador para la lectura.