El Reino

Emmanuel Carrère8283_1

[520 págs.] Anagrama, 2015.

Jamás me han despeinado lo más mínimo los premios a la hora de acercarme a un escritor (e incluso, en las letras hispanas, no ha sido extraño que me espantaran) pero en el caso de Carrère, procedente de la algo dormida literatura francesa, no pude evitar sentirme impresionado por la potencia de su libro anterior, Limonov, cuando tras leerlo reparé en su palmarés: el Premio Renaudot, el Premio de la Lengua Francesa 2011 y, en especial, el Prix des Prix 2011, que se elige entre las obras ganadoras de los ocho premios literarios franceses más importantes.

Lo que es seguro es que, con premios o sin ellos, Limonov me impactó hasta lo más profundo y en la forma en que sólo una novela hecha con cabeza y con las tripas es capaz de ser más real que la misma realidad. Eso es algo que sólo alguien que haya sido comunista en su juventud y que haya vivido la caída del socialismo real dentro y fuera de sus convicciones más íntimas, puede entender en toda su dimensión. Limonov es una monstruosidad resultado de la historia, y es una monstruosidad lógica dada la propia lógica monstruosa de la misma historia. Por eso transita el personaje desde la disidencia y la marginalidad intelectual hasta la más totalitaria nostalgia postsoviética…

Pero no es de Limonov de lo que quería hablar, sino de esa otra novela, El Reino (Premio Le Monde, también) que también arrastra una parte de mí más arcana, más primitiva, mi educación católica infantil, mi cultura católica generacional, mis católicas lecturas adolescentes desde Giovanni Papini hasta Graham Greene, o lo que es lo mismo, esos cimientos cristianos sobre los que en la primera juventud muchos edificamos aquellos primeros pisos comunistas y ateos antes de subir al ático del agnosticismo o del escepticismo (o de algún particular cóctel entre ambos). Como bien dice su prologuista: “…en esta obra monumental, casi diríamos épica y sin duda radical, aborda nada menos que la fe y los orígenes del cristianismo.

En sus páginas se entrecruzan dos tramas, dos tiempos: la propia vivencia del autor, que abraza la fe en un momento de crisis personal marcado por una compleja relación amorosa y el abuso del alcohol, y la historia de Pablo el Converso y de Lucas el Evangelista. Pablo que cae del caballo, tiene una iluminación mística y pasa de lapidador de cristianos a propagador de la nueva fe que transmuta todos los valores. Y Lucas que escribe la vida de Jesús y a partir del cual nos adentramos en los evangelios primigenios, tan diferentes al Apocalipsis de fuegos artificiales de Juan…”

Leer el Reino es un interesante ajuste de cuentas con esa visión borrosa y tranquilizadora con que nos manejamos a la hora de juzgar nuestras viejas creencias infantiles y enfrentarse con la tragedia de la falta de fe, o del conflicto entre dos fes, la fe en tu religión y la nueva fe en la ciencia que has abrazado (como es el caso del propio autor)… O más llanamente, la necesidad de enfrentarse a la realidad de que ninguna de ellas ha de salvarte de la incertidumbre. También es enfrentarse con algunas verdades crudas acerca de las auténticas raíces del cristianismo, que Carrère expone y conoce magistralmente… Abstenerse comecuras diplomados.

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¡HUY! Porqué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar

John Lanchester

[270 págs.] Anagrama, Barcelona, 2010.

Sí, es un libro publicado en otoño de 2010, ¿qué hago reseñándolo cinco años después? Pues es que lo acabo de leer y no puedo dejar de recomendarlo. Como no puedo más que reírme de ese falso concepto de novedad o actualidad, como si no siguiéramos inmersos en 2015 en esa puñetera crisis global del capitalismo que se inició en el verano del 2007 en el sector financiero de los derivados de EE.UU. y después de hundir a Lehman Brothers se extendió al sector financiero mundial y muy en particular al vinculado con el mercado inmobiliario, y que conocemos como “Crisis del ladrillo”. Y ahí está la clave de mi invitación a la lectura: ¿estáis seguros de que comprendéis (o mejor comprendemos) qué son los derivados y cómo funcionan y cómo es posible que sobre hipotecas subprime de dudoso cobro se montaran cócteles financieros que talentos matemáticos calificaban en sus cálculos de riesgo como de riesgo cero?… Bueno, ¿suena a chiste, verdad? Pero para reír los chistes hay que entenderlos primero y este libro es lo mejor que he leído explicando lo inexplicable. Y lo sigue siendo. Pero por si mi opinión no es suficiente (cosa que me parece sensata pensar) os adjunto algunas opiniones más autorizadas que la mía sobre estos temas. Además, no olvidéis que el futuro no existe y el presente no es más que la infinitesimal superficie que cubre el océano sin fondo del pasado, lo digo por si os preocupa esa tontería de la actualidad. Y que de lo que se trata es que no nos ahoguemos en esas aguas de las que aún no hemos logrado escapar.

Reseñas:

«Aunque el autor es conocido del público lector español gracias a varias novelas, en este libro describe, para el lector no especializado, la crisis económica mundial del capitalismo del final de esta primera década del siglo XXI. Con gran conocimiento del tema, soltura estilística y ácida ironía, nos va explicando cómo funcionó esta economía de la pura especulación. Es interesante el pa­pel que tuvieron en la crisis los cálculos demencialmente equivocados que los matemáticos financieros realizaron acerca del riesgo. Otro factor primordial de la crisis fue la dejación de la función reguladora por parte de las ins­tituciones oficiales que representan los intereses de los contribuyentes, quienes serán los que pagarán la factura del desastre. Finalmente, encontramos la apelación eco­nómica y ética a la idea de respetar el concepto de «sufi­ciente» y de poner los límites al afán de posesión para construir una economía sostenible y satisfactoria para la humanidad en su conjunto. «Coged un ejemplar de este libro: el buen humor y la grata compañía os esperan a lo largo de la lectura» (The New York Times); «Comprensible para el lector sin cono­cimientos de especialista y, por encima de todo, devasta­doramente divertido» (Will Self).  «Un libro impactante» (Joaquín Estefanía, El País).

«Para los muchos lectores de las novelas de John Lanchester, especialmente para los que hayan paseado por El puerto de los aromas –Premi Llibreter hace unos años–, no constituirá una sorpresa que el escritor haya decidido adentrarse mediante un ensayo en el complejo universo de espíritus animales, desregulaciones, sofisticadas matemáticas y gigantes asiáticos que ha desencadenado la actual crisis económica mundial. Después de todo, el recorrido histórico que realizaba en El puerto de los aromas por Hong Kong ya funcionaba como una gran metáfora de la evolución del capitalismo… El autor, nacido en Hamburgo, creció en la entonces colonia británica de Hong Kong, donde su padre era un empleado del hoy gigantesco HSBC. “Imperaba la más desenfrenada economía de libre mercado. No había reglas ni impuestos, ni Estado del bienestar ni garantías de atención sanitaria o escolar”… En las últimas décadas, dice, el funcionamiento desenfrenado y desregulado de la colonia se ha convertido en la normalidad del mundo, que se ha hongkonizado. La caída del Muro de Berlín fue el disparo de salida para que el sector financiero “empezara a premiarse con una parte desproporcionada del pastel económico”, hasta cifras nunca imaginadas… Lanchester dedica el libro a intentar explicarse y explicarnos qué ha pasado desde entonces y hasta el estallido de hace dos años. Y se sumerge como pocos en el mundo de los derivados financieros… Aborda también la ideología que ha guiado este camino, desde Alan Greenspan, alumno de Ayn Rand, a Margaret Thatcher o Bush, todos partidarios de un capitalismo de propietarios que ha tenido efectos en la burbuja inmobiliaria de EE.UU… Para Lanchester las décadas de capitalismo desregulado deben tocar ya a su fin: que las finanzas sirvan a la sociedad en vez de saquearla» (Justo Barranco, La Vanguardia – Dinero).

«¡Huy! recoge datos vertiginosos…Lo que se propone Lanchester en esta obra es algo tan necesario como enrevesado: explicar a los profanos las causas de la crisis. Debo decir que su empeño se ve coronado por el éxito. Incluso yo, que soy refractario a la ciencia económica, he acabado familiarizándome con los swaps, los CDO y demás productos de la ingeniería financiera. Leer acerca de productos tan tóxicos puede parecer una opción truculenta, como lo era leer las biografías de los asesinos de la mafia. Pero leer ¡Huy! me parece ahora prioritario. Porque ayuda a hacerse una idea de la realidad y debería reforzar nuestra cultura cívica e impulsarnos a presionar a los gobiernos para que corrijan la desregulación financiera. Lo que cuenta Lanchester da miedo» (Llàtzer Moix, La Vanguardia).

«El autor de novelas de éxito narra el origen y las consecuencias del caos financiero con claridad formal y rigor económico… Con ¡Huy! el autor ha demostrado que es capaz de simplificar lo complejo sin recurrir al maniqueísmo ni la síntesis exagerada. El secreto radica en buscar referentes cotidianos para explicar situaciones que en principio parecen inescrutables. Por ejemplo, para describir qué ocurrió con los créditos basura (o subprime) no es preciso estudiar macroeconomía, ni siquiera contabilidad, basta con explicar, por ejemplo, cómo un caradura logra recuperar sus bienes cuando los subasta el juzgado a pesar de que él sigue sin abonar las amortizaciones al banco y no paga a ninguno de sus acreedores» (Félix Soria, La Voz de Galicia).

YO, ASESINO

Antonio Altarribaasesino_portada

[134 págs.] Norma Editorial, Barcelona, 2014.

No suelo leer cómics. Cierto que fui aficionado a ellos muchos años, cuando se llamaban tebeos o historias gráficas, desde los tiempos de El Capitán Trueno al Mutants World de Richard Corben, pasando por los inevitables superhéroes de Marvel, Tintines y Asterix…, aunque entre el magnífico Arrugas de Paco Roca y otros recientes cómics, como sin ir más lejos este de Antonio Altarriba, no descarto que vuelvan a atraparme.

Contra la extrema obviedad de título y motivo de portada, me sorprendió esta historia por su originalidad y su ambición. El arranque es potente: un profesor de Arte de la Universidad del País Vasco, Enrique Rodríguez, se confiesa un asesino movido por el puro placer del asesinato, mata de improviso y a continuación pronuncia una conferencia sobre el “arte de la crueldad” en la que defiende la naturaleza despiadada del arte como una seña de identidad, una constante, del arte de occidente, casi siempre al servicio del poder… Y no existe ninguna referencia en todo el libro -en el discurso del ilustrado asesino- a Thomas de Quincey y su famoso “Del asesinato considerado como una de las bellas artes”. Algo que no puede ser olvido sino rechazo del tópico, lo cual es muy de agradecer. El protagonista no asesina por interés o pulsión, sino con fría deliberación, casi por deporte. El guión de Antonio Altarriba no esquiva las realidades (o mejor llamarlas miserias) políticas de la universidad vasca, con sus apóstoles de la identidad y las envidias y rencillas propias del narcisismo universitario, al revés, utiliza todo ello y lo hace con brillantez como contexto de las atormentadas acciones y reflexiones de nuestro peculiar personaje, de forma, que conforme avanza la acción, ésta resulta no solo coherente con sus puntos de partida (es decir, verosímil) sino además descarnadamente realista, hasta el extremo de que determinadas circunstancias obligarán al profesor asesino a traicionar la pureza de su móvil para sobrevivir.

Como dice Jesús Játiva de forma clara y concisa: “Yo, asesino no trata únicamente del asesinato. Altarriba se mete muy de lleno en el papel del protagonista y por eso mismo lo asemeja a su propia situación (recordemos que Altarriba es profesor de literatura francesa en la universidad del País Vasco): al igual que Enrique busca el arte en el asesinato, Altarriba lo busca creando un guión cruel y sincero sobre las posibilidades de matar. Además, la obra proporciona un contexto a todo lo que rodea al asesino y al asesinato: el nacionalismo vasco, las relaciones familiares y la ambiciosa carrera de ascensión y las luchas intestinas que llevan a cabo todos aquellos que buscan un puesto mayor en su carrera, en este caso la universitaria. Por su parte, los lápices de Keko casan a la perfección con la truculencia de la historia: el blanco y negro sin grises y la aparición del rojo para la sangre”. [Reseña zona negativa]

TRAS LAS HUELLAS DE HERÓDOTO

Antonio Penadés

[382 págs.] Almuzara, Córdoba, 2015.

No voy a ocultar el carácter algo interesado de esta reseña crítica pero elogiosa, de un libro que no deja de merecerla por tratarse de la obra de un buen amigo mío, Antonio Penadés. En la mejor tradición de los libros de viajes de plumas que han creado escuela, desde Ryszard Kapuscinski a Javier Reverte, Penadés nos ha conseguido regalar un delicioso diario de ruta que efectúa, en la geografía del presente, las mismas andanzas que realizaron en el pasado el propio Heródoto y el gran rey Jerjes al frente de su infinito ejército invasor de la Hélade. Así, nos permite establecer un diálogo entre los escenarios y circunstancias actuales –que recorre en un viaje personal– y los de un pasado remoto que, sin embargo, está en los mismos fundamentos de nuestra cultura y nuestros valores actuales, y que nos conviene conocer y recordar.

Y mi referencia Kapuscinski y Reverte no son retóricas, ni de trámite, sino bien traídas ya que –como no se le escapa a Penadés–  el maestro del periodismo Kapucinski tituló precisamente “Viajes con Heródoto” su primer libro, cuando la redacción de su periódico lo envió a la India como reportero, allá por los años 50, con la obra del padre de la Historia cómo único equipaje –aunque en España ha sido el último de sus libros traducido y publicado–, consiguiendo un extraño diálogo entre lo leído y lo vivido. Respecto a Reverte, su ajuste de cuentas entre su condición de testigo del presente y viajero del pasado en una geografía muy próxima a la elegida por Penadés, la encontramos en “Corazón de Ulises”, un libro que le lleva en un recorrido desde Itaca, el Peloponeso y las costas del Egeo hasta la costa oriental de Turquía y las orillas del mar Negro, estableciendo el mismo diálogo entre un ayer épico y un hoy real y lleno de vida. Y al igual que en el libro de Penadés, consigue reactualizar unos hechos y valores que están en nuestros genes. Bien que, pese a constituir referentes de la obra de Penadés, ésta tiene su propio ritmo y objetivos, ambos muy personales, como no puede ser de otra manera tratándose de un excelente trabajo.

“Tras las huellas de Heródoto” es la crónica de un viaje muy especial, pues más allá del riguroso recorrido por las antiguas ciudades de la Jonia, se trata un viaje espiritual e intelectual entre el enorme legado de los griegos antiguos y nuestra desmemoriada civilización actual. Un viaje que recomiendo encarecidamente realizar a mis lectores accidentales.

NO ESTÁ SOLO

Sandrone Dazieri

[550 págs.] Alfaguara, Barcelona, 2015.

La novela clásica detectivesca murió de una enfermedad relacionada con la verosimilitud, razonaba en uno de mis artículos dedicados a la evolución del género criminal (Debats, 122). Y, efectivamente, en los años 70 los lectores que se enfrentaban a los ingeniosos crímenes de esta o aquella parte del océano y que excedían la inteligencia de la zafia policía de Su Majestad (o metropolitana de cualquier ciudad de los EE.UU.) y tenían que ser resueltos por geniales detectives llenos de manías, y luego comparaban esas situaciones con lo que veían simplemente en las películas de cine negro (o leían en infames ediciones de novelas de kiosco), empezaban a preguntarse si eso de los detectives aficionados o profesionales no era una bobada. O al menos, eso me empezó a pasar a mí más o menos por entonces. Ahora en España, postular para el género criminal un término que no lleve el calificativo “negro” es casi una herejía, y sigue estando mal visto proponer policías (aun poco heroicos) como protagonistas. Salvo que vengan del frío norte, por supuesto. Y el “Giallo” italiano no está para dramas fuertes desde que esa veta literaria ha tenido a su Cervantes (salvando las distancias) con Camillieri y su peculiar ajuste de cuentas satírico con el género. Por eso los escritores saltan por encima de ese muro que es la novela negra y dicen que hacen thriller… Es decir, lo que ellos entienden por tal cosa: “Un niño desaparece a las afueras de Roma. La madre es encontrada muerta y los investigadores creen responsable al marido de la mujer. Sin embargo, cuando Colomba Caselli llega a la escena del crimen se da cuenta de que algo no cuadra” –permítaseme precisar que casi la obligan porque está de excedencia–. “Colomba tiene treinta años, es guapa, atlética y dura” –permítaseme decir: ¡uf! –. “Formó parte del Departamento de Homicidios de Roma, pero desde hace meses es incapaz de superar lo que llama el Desastre” –un criminal perseguido hace estallar una bomba y se lleva por delante a una docena de víctimas y a sí mismo antes de ser capturado, a la chica no le falta razón en llamarlo así­–, “hasta que este caso vuelve a llevarla a la acción. Para resolverlo contará con un colaborador tan eficaz como peculiar: Dante Torre, un joven genio cuya capacidad de deducción solo es igualada por sus paranoias”. –¡Uf!–. “Él también es un superviviente: fue secuestrado durante once años en un silo por un hombre que se hacía llamar El Padre. Ahora tiene pánico a los espacios cerrados y ha hecho de su habilidad para encontrar a personas desaparecidas su trabajo. En la búsqueda de la verdad, Colomba y Dante deberán enfrentarse a su mayor pesadilla ante un caso de ramificaciones insospechadas”. [Reseña lecturalia]

Que nadie se haga ilusiones con las ramificaciones insospechadas, se trata de los consabidos experimentos sobre el comportamiento con fármacos de la época de la guerra fría, aplicados en este caso a niños con ciertos rasgos de autismo -vaya usted a saber por qué-, realizados en secreto por la CIA y copiados por los servicios secretos italianos en los años de plomo… Supongo que para despertar simpatías con eso de la necesaria crítica sociopolítica… Y el malo es, siguiendo la mejor tradición de la novela de intriga, uno de los forenses que se conocen desde el principio, pero no se preocupen que sale tanta gente que les sorprenderá igual.

Como siga así, eso que llaman thriller también se va a morir, pero va a ser de una enfermedad relacionada con la estupidez.

PERSONA

Erik Axl Sund (Jerker Eriksson & Hakan Axlander  Sundquist)

[403 págs.] Random House, Barcelona, 2015.

El nordic noir está acabado. Ese es el título que sería perfecto para esta reseña crítica si fuera necesario buscar uno. Y sería una pena de título porque, dejando aparte lo tonto de esa etiqueta de nordic noir, la novela criminal escandinava fue la que sentó el patrón clásico de la actual novela policial europea desde que Maj Sjöwall y Per Wahlöö publicaron entre 1965 y 1975 sus diez novelas policiacas clásicas, en particular las dos primeras: Roxana y El hombre del balcón. Estremecedoras, pero al mismo tiempo sin horrores gratuitos y con un tono y un tempo verosímiles y ajustado al realismo del género.

Siempre he admirado y disfrutado con el mejor discípulo de estos dos pioneros, Henning Mankell, y ello pese a que varios de sus argumentos son más que discutibles (La leona blanca o Los perros de Riga, por ejemplo), y también me he rendido ante la amarga sobriedad del islandés Arnaldur  Indridason. Todavía peor, me confieso adicto a Jo Nesbo (adicción en vías de curación desde la lectura de El muñeco de nieve y confirmada por la de su primera novela El Tigre, que más valía no haber traducido) y reconozco haber disfrutado de la trilogía algo esperpéntica de Stieg Larsson (Los hombres que no amaban a las mujeres) porque la agilidad narrativa disimulaba bien los descosidos argumentales. Y para rematar, aún rescataría a otros dos muy poco conocidos escritores de este rincón europeo del género criminal: Johan Theorin y su muy personal Cuarteto de Öland y Jens Lapidus y su Trilogía de Estocomo, tan diferentes entre sí en todo salvo en la calidad. Pero con Äsa Larson me bastó una sola de sus novelas, Aurora Boreal (aunque reincidí con la segunda, Sangre derramada), para saber que el barco escandinavo estaba acercándose a aguas peligrosas, a los bajíos del sensacionalismo y los arrecifes de la violencia morbosa. De hecho, tanto Stieg Larson como Jo Nesbo ya habían abusado de singlar esas aguas. Por eso ni siquiera ojeé a Camila Läckberg…

Ahora, dos músicos reconvertidos a escritores, Jerker Eriksson y Hakan Axlander  Sundquist, botan una nueva barcaza en las mismas aguas sangrientas: un thriller con asesinatos, violaciones, mutilaciones e infanticidios, inicio de una trilogía que ya ha vendido un millón de ejemplares.  En sus propias palabras: “La novela es más personal de lo que se pueda pensar. Por supuesto, no somos asesinos en serie, pero la historia sale de nosotros mismos y de nuestro círculo más cercano… Cuando empezamos a escribirla, no era un novela negra, era una terapia para nosotros”. ¡Uf! Tamaña presentación (de la que les ahorro la idea de lo que es una novela negra que tienen nuestros dos bardos metidos a rapsodas) hace que se tengan expectativas de alguna sórdida historia real como base del argumento, que puede resumirse así: La psicoterapeuta Sofia Zetterlund está tratando a dos pacientes fascinantes: Samuel Bai, un niño soldado de Sierra Leona, y Victoria Bergman, una mujer que lucha para hacer frente a un profundo trauma infantil ocasionado por los abusos paternos… Tienen el mismo problema: trastorno de personalidad múltiple. Entonces, un joven es encontrado muerto en un parque de Estocolmo con muestras de terribles abusos. La inspectora Kihlberg y la terapeuta Zetterlund tendrán que tratar de resolver el crimen. [http://www.lecturalia.com/libro/93062/persona]

Bueno, caí en la trampa (alguien que me aprecia me regaló el libro para mi cumpleaños), lo leí y confirmé mi opinión acerca de los escritores expertos en música electrónica y de la definitiva ruina del nordic noir en semejantes rutas. Y voy a ser más duro todavía para evitar tentaciones morbosas: ¿alguien puede creer que una psicoterapeuta puede tratarse a sí misma y ser una terrible asesina en serie sin enterarse, la pobre, por tener personalidad múltiple? Pues eso.

SUMISIÓN

Michel Houellebecq

[283 págs.] Anagrama, Barcelona, 2015.

El mismo día que se producía el sangriento atentado contra la revista Charlie Hebdo de París, Houllebecq tenía previsto presentar su última novela, Sumisión –traducción literal de la palabra Islam–, cuya temática no podía ser más molesta, inoportuna y provocadora por cuanto añadía leña al fuego de la islamofobia desencadenada por la creciente locura yihadista: la Hermandad musulmana (partido islamista moderado de los inmigrantes y ciudadanos franceses) conseguía ganar las elecciones presidenciales de 2022 en Francia gracias a un acuerdo con el PSF y otras fuerzas políticas unidas para evitar el triunfo de la derecha de Marine Le Pen. La acción  se despliega a través del punto de vista de un profesor de la Sorbona, François, especialista en Huysmans, que representa el  individualismo pesimista, cínico y hedonista del francés culto y laico y que podría reflejar al propio Houllebecq. Un protagonista cuya reacción al clima de cambio y de amenaza de guerra civil en la Francia civilizada es la claudicación ante un islam espléndido de petrodólares.

“El libro ya ha generado tantas opiniones entusiastas como escandalizadas –comentaba Alex Vicente en su reseña del libro– pronunciadas por una habitual retahíla de comentaristas mediáticos, desde el filósofo Alain Finkielkraut —quien sostuvo que Houellebecq habla de “un futuro que no es seguro, pero sí plausible”— al presentador Ali Baddou, que aseguró ayer que el libro le había dado “ganas de vomitar” por su “islamofobia”. El director del diario Libération, Laurent Joffrin, escribió que el novelista no hace más que “calentar el asiento de Marine Le Pen en el Café de Flore”, refugio de la intelectualidad parisina, haciendo entrar las tesis ultraderechistas sobre la supuesta invasión musulmana en el cuadrilátero de la literatura”,[reseña de El País].  Y la polémica continúa seis meses después, como no podía ser de otro modo. Ya he recogido varias descalificaciones del libro como novela floja y orientada a hacer el juego a la derecha xenófoba europea. Siempre me he preguntado si estas consignas corren o se reproducen por generación espontánea.

Lo cierto es que esta no es una gran novela de Houllebecq, muy por debajo de Ampliación del campo de batalla,  Las Partículas elementales o Posibilidad de una isla, desde el punto de vista de la capacidad perturbadora del texto, pero tampoco puede despacharse con tanta facilidad, porque el autor pone el dedo sin complejos en una llaga abierta en el pensamiento correcto políticamente (no necesariamente socialdemócrata, pero sí tan típico de ese progresismo laico y civilizado tan rendido al multiculturalismo) y que no es otra cosa que la incapacidad de condenar sin reservas el carácter retrógrado (e incluso bárbaro) del islamismo no sólo radical, (faltaría más) sino moderado. Incapacidad que no parece paralizarle cuando se trata de mantener a raya a las confesiones religiosas cristianas en sus diferentes y peculiares versiones. Personalmente, siempre me he preguntado qué pecado original nos impide detestar la religión islámica con el mismo entusiasmo con que somos capaces de detestar la nuestra.

Aunque no lejos de la islamofobia visceral de Oriana Falacci, al menos puede decirse que las razones de la islamofobia confesa de Houllebecq son intelectuales de pleno derecho.

No puede negarse que el libro se lee con interés y que no te deja indiferente. Es imposible resistirse a la fascinación que ejerce la serpiente antes de que nos muerda.